El oro y la plata son metales nobles, que por sus propiedades físico químicas poseen brillo natural.
Ese brillo puede perderse a causa de su oxidación al estar en contacto con el aire, con el exceso de calor, humedad o determinadas sustancias o productos que le afecten superficialmente. Es importante tener en cuenta que la transpiración y el pH corporal pueden también producir el deterioro de la pieza.
El oro al oxidarse presenta un tono rojizo, y la plata amarillento o negruzco.
Para evitar su deterioro es aconsejable guardar las piezas en lugares secos, alejadas del exceso de luz natural o artificial (focos, lámparas…) durante mucho tiempo.
Si se exponen al contacto con sustancias como el cloro, perfumes, cremas, aceites, alcoholes y maquillajes, deben de limpiarse regularmente, o bien con gamuzas especializadas que llevan impregnado un producto químico, o bien lavarlas en agua caliente con jabones neutros, suaves.
Existen también productos líquidos de limpieza que actúan por inmersión que devuelven a la joya todo su brillo y belleza.
Hay que tener en cuenta que este consejo no es cuando el oro o la plata van acompañados de piedras, coral, perlas, etc...
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